CDMX a 19 de enero de 2026
Último día del año 2025. Se va y no volverá. Todo lo que hayamos hecho rendirá frutos o nos hará retroceder, porque —como bien dice el dicho, y coincido plenamente— cuando no estás avanzando, estás retrocediendo.
Este año no he tenido mucho espacio para escribir columnas de reflexión. Me ha tocado trabajar todos los días, incluido hoy, el último del año. En un breve intervalo —mientras espero retroalimentación de un texto que acabo de enviar para poder ajustarlo y remitir a su destino final— me encontré con unas fotografías de una participación reciente con una universidad, enfocada en impulsar a adolescentes dentro del mundo STEM.
Me sentí llamada a hacerme el espacio y escribir estas líneas, que, a decir verdad tenía ya avanzadas en esos post que luego comienzo a escribir y casi nunca termino. Hoy decidí continuar uno de tantos de mi baúl de “post en progreso”.
Durante 2025, al igual que en los últimos casi cinco años, he recorrido universidades, foros empresariales, clústeres industriales, cámaras, asociaciones y espacios públicos hablando de innovación, industria, electromovilidad y futuro. Una parte importante de ese tiempo lo he donado conscientemente a conferencias y encuentros con estudiantes, especialmente mujeres.
Es importante decir con honestidad que mi motivación para este post poco o nada tiene que ver con un idealismo sustentado únicamente en mi género. Surge, más bien, de una convicción estratégica que he ido formando a partir de mi recorrido en el mundo empresarial: si no empujamos hoy una agenda clara de liderazgo femenino en STEM, México pagará mañana un costo económico, industrial y geopolítico muy alto.
Esta conversación no debemos seguir analizándola únicamente desde el lente de la equidad entendida como un valor abstracto. El lente correcto es aquel que nos permite ver a largo plazo, con la graduación adecuada para comprender que la competitividad, el desarrollo tecnológico y nuestra capacidad del país dependen —en buena medida— de que haya más mujeres en STEM.
Debemos tener presente que como en el juego de la cuerda; el “estira y afloja” en el ámbito geopolítico se da con profesionales STEM.
Nazareth Black
Después de años de discusión global, ha quedado claro que el espacio donde hoy se define el poder real es la plataforma STEM. Desde ahí se diseñan los sistemas energéticos, la movilidad, la digitalización, la inteligencia artificial, la industria médica, la manufactura avanzada y las cadenas de valor asociadas al nearshoring. Una verdad ya clarificada: los países que lideran STEM lideran el mundo.
Sin embargo, en México y en muchos de nuestros países hermanos de habla hispana, situados al sur de nuestro territorio, seguimos aceptando como “normal” que las mujeres estemos subrepresentadas en estos sectores estratégicos.
Mi metáfora de los lentes y la visión es porque tengo lentes nuevos y ahora ando feliz viendo todo mejor.
Nazareth Black
Una señal clara de ineficiencia económica en México es la estadística que muestra que la participación laboral femenina ronda el 45%, frente a casi el 78% de los hombres. Esta cifra no debe abordarse desde una óptica meramente social, sino desde una visión estratégica y económica Estamos dejando fuera del mercado laboral formal a millones de mujeres en edad productiva.
Cuando observamos la distribución sectorial, el problema se agrava: las mujeres nos seguimos concentrando en servicios, comercio y educación, mientras que la industria, la tecnología y la ingeniería siguen siendo territorios predominantemente masculinos.
Tenemos demasiados salones de manicura y casi nada de proyectos STEM importantes comandados por mujeres.
Nazareth Black
La geógrafa y MapMaker @MercedesSánchezPlasencia compartió este mapa que hizo de salones de uñas en CDMX:
Es momento de pensar que estos números nada tienen que ver con capacidades, sino con estructuras, el sistema no está diseñado para que entremos, permanezcamos y escalemos; está diseñado para mantenernos en un caja donde la mayoría sigamos eligiendo desafíos y trabajos considerados “rosas”.
Más ingenieras, por favor
Esto es lo que se llama: exclusión, y seguimos sin darnos cuenta, creemos que estamos eligiendo y no es así. Esto es a lo que llamamos “problema estructural”.

En el ámbito STEM, la exclusión se vuelve aún más evidente. A nivel internacional, las mujeres ocupamos apenas el 22% de los empleos STEM en los países del G20 y solo una de cada diez posiciones de liderazgo. En México, esta tendencia se replica: a pesar de contar con universidades sólidas y una narrativa creciente de innovación, no hemos logrado traducirla en una masa crítica de mujeres liderando la ciencia y la tecnología.
El impacto económico de esta omisión es profundo, hoy ya es ampliamente conocido que la diversidad de género en equipos técnicos y directivos no solo mejora la innovación, sino que reduce riesgos y aumenta la rentabilidad. Con este comentario no estoy deseando definir una postura ideológica, sino plantearlo como evidencia económica, cada mujer que no llega a STEM representa una oportunidad perdida de productividad, patentes, empresas tecnológicas, soluciones industriales y crecimiento del PIB.
Si alguien duda de la profundidad del rezago, que mire las patentes. No hay mejor radiografía del problema. Mientras Estados Unidos registra cientos de miles de solicitudes de patentes cada año, México apenas alcanza alrededor de 16 mil, muchas de ellas impulsadas desde fuera, por extranjeros.
Además, menos del 15% de las solicitudes de patentes en México cuentan con participación femenina, y solo una fracción mínima reconoce a mujeres como inventoras principales. Esto no es casualidad ni una cuestión de gustos; es el resultado de un sistema que no forma, no retiene y no impulsa talento femenino en ciencia y tecnología.
Vivimos así en un México que innova poco, innova mal, depende de otros y desperdicia sistemáticamente a la mitad de su capacidad intelectual, comprometiendo su competitividad y su soberanía tecnológica en el largo plazo.
En 2021: Solo 13 de las graduadas lo hicieron en carreras relacionadas a STEM
EL FINANCIERO
Existe además otro rasgo estructural de la economía mexicana que se conecta directamente con este tema: el emprendimiento por necesidad. México es un país donde millones de personas emprenden porque el mercado laboral no ofrece opciones suficientes. En ese contexto, las mujeres han demostrado una enorme resiliencia: cerca del 27.5% de las mujeres ocupadas son emprendedoras y alrededor del 25% de las empresas han sido fundadas por mujeres.
¿Cómo son los emprendimientos femeninos en México?
Mayoritariamente operan en condiciones de baja escala. Más del 80% de las empresas fundadas por mujeres factura menos de 500 mil pesos al año, y casi la mitad de las emprendedoras que solicitan crédito lo ve negado. El acceso a financiamiento, a redes de alto valor y a tecnología sigue siendo profundamente desigual.
Aquí es donde STEM se convierte en una política económica clave, más que en un tema educativo.
Sin embargo, esta conversación no puede limitarse a México como si fuera una isla. América Latina —incluido el sur de nuestro propio territorio— comparte idioma, estructuras productivas frágiles, alta informalidad, baja inversión en ciencia y una carga de cuidados que recae de forma desproporcionada en nosotras, las mujeres. Chiapas, Oaxaca, Centroamérica o el Cono Sur enfrentan desafíos similares, aunque con distintas intensidades.
Continuar pensando el liderazgo femenino en STEM desde una lógica fragmentada es un error estratégico. Necesitamos una visión regional latinoamericana, donde México asuma un rol articulador. Además del idioma en casi todos estos países vecinos compartimos mercados, cadenas de suministro, retos energéticos y tecnológicos. Apostar por mujeres en STEM en la región fortalece nuestra posición frente a otros bloques económicos que ya entendieron que el talento femenino es un activo estratégico, alejándose con ello del asunto de corrección política.

¿Y qué está haciendo el Estado mexicano? Existen esfuerzos: programas de becas para mujeres en ciencia, algunas iniciativas institucionales, discursos de igualdad impulsados desde distintas dependencias y políticas sectoriales aisladas. Ya no podemos decir que el problema es la ausencia total de acciones, sino su fragmentación, intermitencia y falta de enfoque sistémico.
Desde una opinión muy personal, también persiste una falta de voluntad política real, que a menudo se esconde detrás de un discurso ruidoso que proclama lo contrario.
La equidad de género en STEM sigue tratándose como una política social, cuando debería asumirse como una política industrial, científica y económica de largo plazo. No basta con impulsar el acceso a la universidad; es necesario medir la permanencia, la transición al mercado laboral, el acceso a puestos técnicos, el ascenso a posiciones de liderazgo, la participación en proyectos estratégicos y el acceso a financiamiento para la innovación.
México necesita indicadores claros y rendición de cuentas: ¿cuántas mujeres entran a STEM?, ¿cuántas se gradúan?, ¿cuántas trabajan en sectores estratégicos?, ¿cuántas lideran?, ¿cuántas crean empresas tecnológicas?, ¿cuántas reciben capital? Sin datos y sin metas, seguiremos “Viendo como el chinito”
“Viendo como el chinito” es una expresión coloquial mexicana que significa “quedarse observando sin hacer nada, solo mirando cómo los demás progresan o cómo se desarrolla una situación”, a menudo con un tono de resignación o pasividad, como si solo estuvieras “milando” (mirando) mientras la vida pasa,
Nazareth Black
Después de cientos de conversaciones este año con estudiantes, empresarias, ingenieras, académicas y funcionarias, hay algo que al menos para mí resulta evidente: el talento femenino existe y está listo, nos falta Decisión -con “D” mayúscula- del Estado, de la industria, del sistema financiero y también de la academia.
No hacer nada, o hacerlo a medias, tiene consecuencias claras. Nos encamina a un futuro con menos fortaleza económica, mayor dependencia tecnológica y una posición política cada vez más frágil, además de la desigualdad que ya normalizamos. La mitad de este país somos mujeres.
Ignorar ese talento, esa capacidad y esa fuerza creativa es una renuncia deliberada al desarrollo.
Gracias por leerme. ¡Feliz año nuevo


