El empoderamiento femenino no son frasecitas frente al espejo

Empoderamiento femenino más allá de la autoestima: por qué las mujeres buscan liderazgo, emprendimiento y salidas reales al techo de cristal
19 enero, 2026
4 minutos de lectura
Mujer frente a un espejo, representando la búsqueda de liderazgo y salidas al techo de cristal.
El verdadero empoderamiento femenino va más allá de la autoestima; se trata de conquistar espacios de liderazgo y romper barreras estructurales.

CDMX a 19 de enero de 2026

Durante años he escuchado que el empoderamiento femenino comienza con creérmela.
Con repetir afirmaciones frente al espejo.
Con aprender a “amarme” un poco más.

Coincido en que la autoestima importa. Sin embargo, resulta insuficiente. Continuar reduciendo el empoderamiento a un asunto emocional, cuando el problema es estructural, equivale a darnos un balazo en el pie todos los días a las 7:00 a. m.

Me pregunté a mí misma: ¿qué buscamos las mujeres en internet?

El 1 de enero de 2026 recurrí a la inteligencia artificial para obtener información al respecto. La respuesta fue clara: en México, miles de mujeres buscan en internet términos como empoderamiento, liderazgo femenino, cómo emprender, libertad financiera, burnout, violencia económica y techo de cristal.

¿Qué nos dice todo esto?
Que las mujeres más que buscar inspiración estamos buscando salidas. Buscamos entender por qué, a pesar de estar más preparadas que nunca, seguimos ganando menos, decidiendo menos y cargando más. Sostenemos cargas que se nos asignan casi de forma automática por el simple hecho de “ser mujeres”.

De acuerdo con la Encuesta Nacional para el Sistema de Cuidados (ENASIC) 2022 del INEGI, el 75% de las personas que realizan labores de cuidado son mujeres y casi el 87% asume este rol como cuidadora principal en el hogar. Una carga que, además de consumir casi 38 horas semanales en promedio, arrastra un costo económico profundo.

¿Cómo seguimos diciéndoles a las mujeres que dedican casi 40 horas semanales a labores de cuidado no remuneradas que, con solo pararse frente al espejo a repetir afirmaciones de superación personal, van a lograr autonomía económica?

Nazareth Black

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El empoderamiento real no ocurre en frases motivacionales; ocurre en espacios de decisión. No hay punto medio. Tenemos que salir de esta y de otras fantasías autoimpuestas.

Hemos romantizado la narrativa de la mujer “todóloga”: exitosa, sensible, productiva, madre presente, líder empática, resiliente infinita. El resultado no ha sido libertad, sino agotamiento en todos los niveles; un cansancio que no se resuelve ni con autocuidado ni con frases bonitas.Esto es lo que se llama: exclusión, y seguimos sin darnos cuenta, creemos que estamos eligiendo y no es así. Esto es a lo que llamamos “problema estructural”.

Lo digo con conocimiento de causa: lo he intentado. Como mencioné al inicio, creo en la importancia de dedicar tiempo diario a fortalecer la autoconfianza.

Empoderar no es “sentirse fuerte”.
Entonces, ¿qué es?

Es participar activamente en la toma de decisiones dentro de las empresas, las industrias, las políticas públicas y las cadenas de valor; en nuestras propias vidas, es dejar de aceptar condiciones injustas por necesidad económica. Recuerdo el día en que decidí dejar de atender a los clientes que sistemáticamente me regateaban sin necesitarlo, no podía evitar preguntarme si se atreverían a hacerlo si yo fuera hombre.

Por eso hoy las búsquedas han cambiado, además de preguntar cómo sanar, las mujeres estamos preguntando cómo cobrar, cómo invertir, cómo escalar, cómo protegerse legalmente, cómo salir de relaciones —personales o laborales— que nos empobrecen.

En ese sentido, mi grupo de amigas cercanas es profundamente empoderante. Nuestras conversaciones siempre incluyen este componente,hablamos de cómo hacer negocios más grandes, de cómo ayudarnos mutuamente a escalar más rápido, de estrategias reales para crecer.

Desde hace tiempo he buscado ponerle nombre a una sensación que percibo cada vez con más fuerza en nuestro género, la describo como una intuición colectiva clara: el punto de acuerdo en el que todas coincidimos en que, sin autonomía económica, de nada nos sirve el desfile interminable de frágiles discursos sobre igualdad.

A veces se me aparece una verdad incómoda, parecida a ese fantasma cuyo nombre da miedo pronunciar en voz alta. Me atrevo a ponerla sobre la mesa: no todos los espacios están diseñados para que las mujeres ganen poder, aunque en ellos se llenen la boca hablando de equidad.

A algunas compañeras no las bajan de “revoltosas”.

Se me viene a la mente una de ellas. Se llama Sofía Gasque, fundadora del CCME —Consejo Coordinador de Mujeres Empresarias—. La primera vez que la escuché hablar sobre equidad de género dijo algo que se me quedó grabado en la mente y en la piel:

“A veces toca ser la incómoda, y yo sé que me tocó a mí ser la incómoda. Pero eso no me importa, porque alguien tiene que hacerlo”.

Sobra decir que la admiré en ese instante y que desde entonces la sigo con atención, porque “las revoltosas” son las que dicen lo que se tiene que decir y pagan, gustosas, el costo personal que ello implique.

El empoderamiento auténtico incomoda, cuestiona jerarquías de forma frontal y redistribuye recursos, alterando con ello el statu quo; Noun empoderamiento meramente personal, sino que nace ahí, pero se proyecta hacia afuera. No es suave ni melodioso; es incómodo, incluso odioso —para muchos— y en realidad es estratégico para el futuro de todos.

Quizá por eso incomoda tanto cuando una mujer deja de pedir permiso y se atribuye la facultad de marcar rumbos. Cuando deja de agradecer oportunidades mínimas y pide la silla grande.

Porque una mujer así ha entendido que su valor es económico, y le importa un comino el valor simbólico con el que pretenden que se conforme en su entorno.

Tal vez ha llegado el momento de decirlo sin rodeos:
El empoderamiento femenino no se mide en likes; se mide en decisiones tomadas y recursos controlados.

Todo lo demás es fantasía.

Por más mujeres en sillas grandes.

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