Hace unas semanas estuve en un evento organizado por BloombergNEF, en el marco de la Fórmula E en México. Fui con la agenda llena, como casi siempre, pero con una motivación clara: sabía que ahí me encontraría con personas que han estado en esta conversación desde antes de que fuera popular. Amigos, colegas, verdaderos compañeros de batalla en el camino de la electromovilidad.
Nos reencontramos, conversamos, bromeamos… y, casi sin darnos cuenta, hicimos memoria. Recordamos cuando hablar de electromovilidad era cosa de muy pocos. Éramos menos de diez. Cabíamos en una cochera. Cualquier espacio servía para imaginar el futuro y preguntarnos qué papel queríamos jugar en él.
Entre risas dije algo que, aunque sonó a broma, no lo era tanto: “bien podríamos ser considerados los padres fundadores de la electromovilidad en México”.
La frase causó gracia, pero también una certeza compartida: el tiempo nos alcanzó.

Días después de ese encuentro en Motores Limpios firmamos un documento que formaliza uno de los proyectos más ambiciosos que hemos tenido sobre la mesa: colaborar con un estado de México para desarrollar su auto eléctrico y, posteriormente, distintos vehículos eléctricos para transporte público. No es el único proceso abierto; hay otros países que miran hacia el mismo camino, con quienes haremos equipo.
Con estos momentos dándome vueltas en la cabeza, tuve un flashazo de claridad y entendí que 2026 no es un año más. Es un punto de quiebre. Por el que hemos trabajado arduamente y por el que hemos esperado tanto tiempo. Nuestro momento llegó, queridos y queridas.
Yo suelo decir en foros y conferencias, que “la electromovilidad no solo es necesaria sino inevitable.”
Durante más de una década hablamos de la electromovilidad como el futuro. Hoy ya no lo es. El futuro llegó. No en forma de discursos ni de pilotos eternos, sino como una industria real: más de 50 millones de vehículos eléctricos circulando en el mundo y un ecosistema que empieza a comportarse con las cualidades con las que dimos forma: estratégico, regulado y profundamente político.
Para nuestro México y América Latina, este momento es decisivo. Dejamos de ver la transición energética desde la grada y empezamos a jugar el partido. La infraestructura de carga avanza, los vehículos eléctricos se vuelven más accesibles y la inteligencia artificial comienza a integrarse de manera seria a la movilidad. Comenzamos a sentir la electromovilidad como consecuencia de nuestras ambiciones, pero sobre todo, de nuestras acciones.
Continuaré insistiendo que México, en particular, tiene una oportunidad histórica. No solo por su capacidad productiva, sino por algo más importante: la posibilidad de desarrollar conocimiento propio, tecnología propia e industria propia. Proyectos como Zacua no hablan solo de autos eléctricos; sino que traspasaron las declaraciones de intención para convertirse en convicción comprobada. Demuestran que México tiene con qué y que la soberanía tecnológica no es un concepto romántico, sino una decisión estratégica. ¡Ojalá lo de Olinia se dé también!

También veo un giro en torno a la conversación sobre infraestructura. Ya no basta con hablar de cargadores. Hoy hablamos de carga inteligente, de gestión de la demanda, de Vehicle-to-Grid. Pronto comenzaremos a dejar de ver el vehículo como un solo medio de transporte y ampliaremos el lente para verlo, experimentarlo y proyectarlo como lo que es en realidad: un activo energético.
La innovación tecnológica acompaña este momento. El CES 2026 dejó claro que la competencia ya no está solo en la autonomía, sino en la inteligencia, en el software, en los datos. La electromovilidad se encuentra en un proceso acelerado de maduración para dejar de ser hardware y convertirse en sistema. Me recuerda a las orugas, preparándose para convertirse en mariposas.
Y mientras tanto, en ciudades como la CDMX, la movilidad eléctrica se integra al tejido urbano, impulsada incluso por eventos globales como el Mundial de Fútbol 2026. Una plataforma política global para hablar entre líneas de asuntos importantes.
La conversación incómoda que México ya no puede postergar
Por eso, mi conclusión personal es directa: veo en 2026 el año que marca el paso definitivo de un mercado emergente a una industria estructural.
El futuro ya llegó. La única pregunta que me queda compartir con ustedes para que la respondamos juntos, es: ¿quién va a liderar, quién va a capturar valor y quién va a ver —desde la banqueta— cómo otros diseñan el nuevo mapa industrial?
Solo les pido recordar, a los actores que damos forma a esta realidad, que la electromovilidad no solo debe de ser ambiental; hay que considerarla económica, urbana y social.
Nazareth Black
Agradecimientos a todos los colegas. Comenzamos pocos y hoy somos muchos. Y nos faltan más. Agradecimientos a las empresas que siempre están buscando sumar, como BloombergNEF que organizó este foro con el liderazgo del apreciado Guillaume Fouché. A los amigos como Filiberto Tamez, Leonardo Beltrán, Rodolfo Osorio, Rodolfo Nava, Félix Loyola, Ana Osorio, Roberto Rocha, entre muchos más que tuve el gusto de saludar ese día.


