CDMX a 28 de noviembre de 2024
¿Qué está en juego realmente?
La transición hacia una movilidad más sostenible además de ser un compromiso ambiental; es una oportunidad para redefinir la industria automotriz global. Sin embargo, el reciente debate en Europa sobre los objetivos de emisiones pone de manifiesto las tensiones entre las ambiciones ecológicas y las realidades empresariales. ¿Qué está en juego realmente? No es solo la competitividad de la industria, sino también su capacidad para liderar el cambio hacia un modelo más responsable.

Como pionera en electromovilidad en México, a través de Zacua, he enfrentado desafíos similares a los que enfrentan mis colegas europeos. La resistencia al cambio, ya sea aquí o allá, no proviene únicamente de factores externos como la falta de infraestructura o el costo de los vehículos eléctricos. Más bien, surge de decisiones estratégicas centradas en el corto plazo, donde las prioridades de muchos fabricantes han estado más alineadas con los beneficios inmediatos para los accionistas que con la inversión en innovación y accesibilidad.
Si alguien tenía la ventaja para crear un gran portafolio de vehículos eléctricos a bajo costo, eran las grandes marcas, y no lo hicieron. Contaban con décadas de experiencia, infraestructuras robustas, y capital suficiente para liderar esta transición, pero optaron por priorizar márgenes de ganancia inmediatos y dividendos para sus accionistas. Esta falta de visión estratégica no solo retrasó la evolución del mercado, sino que dejó un vacío que empresas más pequeñas y ágiles están intentando llenar con soluciones innovadoras y sostenibles. Es un recordatorio de que la innovación no siempre proviene de quien tiene más recursos, sino de quien está dispuesto a utilizarlos de manera audaz y responsable.
Siendo honestos. La industria continúa atrapada en sus viejas prioridades
¿Qué problemática real revela los continuos debates sobre los objetivos de emisiones en Europa?

La industria automotriz, durante años, se ha beneficiado de márgenes robustos derivados de modelos de combustión interna (ICE) y, en muchos casos, ha sido lenta para adaptarse a las demandas de sostenibilidad del mercado. Los objetivos de reducción de CO2 para 2025 no llegaron de la noche a la mañana. Los fabricantes tuvieron tiempo de prepararse, pero muchos eligieron no priorizar esta transición, ¡Confiaron con arrogancia en que siempre serían los líderes! Creyeron que su posición dominante en el mercado sería suficiente para mantenerlos en la cima, sin anticipar que la disrupción tecnológica exigiría rapidez, adaptación y una visión enfocada en el futuro. ¡Tremendo error estratégico! Mientras descansaban en sus laureles, nuevos actores emergieron, apostando por la sostenibilidad y la innovación como pilares de sus estrategias. Este exceso de confianza no solo les hizo perder ventaja competitiva, sino también credibilidad ante un mercado que demandaba compromiso real con el cambio.
Si existiera un Mundial de la Electromovilidad, ¿México podría jugar?
En lugar de destinar los recursos obtenidos durante la recuperación pospandemia para el desarrollo de modelos eléctricos más accesibles, algunas empresas eligieron maximizar dividendos para los accionistas mientras se apoyaban en el marketing para hacer anuncios dolosos de inversiones en electromovilidad para mantenerse como interesados en el tema, cuando no era así. Esta estrategia, aunque rentable a corto plazo, ha erosionado la confianza pública y ha dejado a los consumidores con menos opciones de confianza asequibles para adoptar la electromovilidad.

Por otro lado, la narrativa de que los consumidores temen los vehículos eléctricos debido a costos elevados o falta de infraestructura no es del todo precisa. Si bien estos son factores importantes, los estudios han demostrado que cuando se ofrecen modelos eléctricos a precios competitivos, la adopción aumenta significativamente. Lo vimos en el Reino Unido, donde una normativa más estricta impulsó un crecimiento en las ventas de vehículos eléctricos. Esto demuestra que el problema no radica tanto en la demanda, sino en la falta de voluntad de la industria para ofrecer productos que cumplan con las necesidades del mercado.
México. Me permito definir a México como un microcosmos de los desafíos globales donde la electromovilidad enfrenta retos únicos, no obstante, las lecciones son universales. Con Zacua, la primera marca mexicana de autos eléctricos, nos hemos enfrentado a desafíos como las barreras regulatorias, exención de aranceles para marcas extranjeras y la resistencia cultural al cambio. Sin embargo, hemos logrado avanzar gracias a una visión clara y un compromiso con la innovación.

Nuestra experiencia nos ha enseñado que el cambio es posible cuando las empresas adoptan un enfoque proactivo. Desde la implementación de soluciones locales hasta la colaboración con aliados estratégicos, hemos demostrado que incluso un país en desarrollo puede ser un actor clave en la transición hacia la sostenibilidad.
Sin embargo, al igual que en Europa, las decisiones empresariales en México deben alinearse con las necesidades del futuro. La transición no es solo una responsabilidad ambiental; es una oportunidad económica. Cada vehículo eléctrico vendido, cada estación de carga instalada, representa empleos, inversión y progreso.
Hablando de Europa, esta, con su infraestructura avanzada y mercados desarrollados, tiene el potencial de ser un modelo para el resto del mundo en la transición hacia la electromovilidad. Pero, como lo demuestra el cabildeo para relajar los objetivos de emisiones de 2025, también corre el riesgo de convertirse en un ejemplo de lo que no debe hacerse.
Los gobiernos de República Checa e Italia han liderado esfuerzos para suavizar las normativas bajo el pretexto de proteger la competitividad industrial. Sin embargo, las cifras cuentan una historia diferente. En ambos países, las ventas de vehículos eléctricos han crecido significativamente en el último año, demostrando que el mercado está listo para el cambio si se le ofrecen las condiciones adecuadas. Esto subraya que las normativas no son el problema, sino la falta de un compromiso claro de algunos fabricantes para adaptarse a ellas.
¿Qué tipo de liderazgo crees que es el que Europa necesita para avanzar? Complementa con tu opinión en comentarios.
Si la meta es un futuro sostenible debemos comprender y aceptar que la transición hacia la electromovilidad no se trata solo de tecnología; se trata de liderazgo. Las empresas tienen una responsabilidad no solo con sus accionistas, sino también con la sociedad en general. Esto implica tomar decisiones que no siempre son las más rentables a corto plazo, pero que garantizan dicho futuro sostenible.
En Zacua, hemos adoptado esta filosofía. Aunque somos una empresa pequeña comparada con los gigantes de la industria, entendemos que nuestro impacto va más allá de los vehículos que producimos. Cada decisión que tomamos, desde el diseño de nuestros autos hasta nuestra estrategia de mercado, está guiada por un compromiso con la sostenibilidad, con nuestro país y con la inclusión.

Europa tiene los recursos y la experiencia para liderar este cambio global. Aunque el liderazgo no se mide solo por los resultados financieros, sino por la capacidad de una industria para adaptarse, innovar y responder a las necesidades de la sociedad.
Al final, la pregunta clave no es si los objetivos de emisiones de 2025 son alcanzables. La verdadera pregunta es si la industria automotriz global está dispuesta a liderar el cambio o a resistirse al futuro. La electromovilidad no es una moda pasajera; es el camino hacia un futuro más limpio, eficiente y equitativo. El éxito no se logrará postergando las metas, sino abrazándolas como una oportunidad para reinventar la industria y fortalecer nuestras comunidades.
Como empresaria en el sector de la movilidad eléctrica, tengo claro que la transición no es fácil, sin embargo, es necesaria. Y estoy convencida de que, si adoptamos el enfoque correcto, podemos transformar los desafíos en oportunidades para un mundo mejor.


