Hablemos de la incomodidad como motor de transformación

Tu vida, un proyecto en "Beta permanente": Por qué nada sucede en la comodidad y cómo la incomodidad es la aliada para alcanzar tu mejor versión.
25 diciembre, 2024
2 minutos de lectura
Hablemos de la incomodidad como motor de transformación
Hablemos de la incomodidad como motor de transformación

CDMX a 25 de diciembre de 2024

Este año no es muy diferente para mí que otros: tiendo a ser reflexiva, tediosa, filosófica, lo más que puedo. Cada año, conforme se acerca su final, busco siempre espacios entre el multitasking autoimpuesto para reflexionar acerca de mi vida. Esculco entre los estantes de mi gran estudio mental la carpeta de creencias personales y la de logros obtenidos. Saco la gran caja, con su letrero de honroso tamaño que dice “Emociones”, y me permito revisarla con minuciosidad.

En este ejercicio mental, busco entre documentos, servilletas con notas hechas a toda prisa, ideas anotadas en los márgenes de un libro. Reviso cada hábito, cada pequeña cháchara mental con ojos avispados y una voluntad inquebrantable de objetividad. ¿Por qué? Porque en este proceso me aseguro de que voy bien, de que estoy en constante actualización y crecimiento personal.

Hace mucho tiempo decidí que mi vida sería un proyecto en “Beta permanente”. Este concepto no es otra cosa que considerarme una obra en construcción perpetua, un compromiso con mi mejora continua. Este último ejercicio mental lo comencé en septiembre, al darme cuenta de que no podía seguir aplazando una incomodidad que me aquejaba desde hace tiempo. Aunque me considero experta en navegar entre el caos, esta vez supe que debía enfrentarla directamente.

Toda mi vida he nadado contra la corriente. He pagado el precio de cada paso avanzado, muchas veces, incluso con lágrimas en medio de la acción masiva. Y en cada etapa he confirmado algo: nada sucede en la comodidad. El verdadero crecimiento, el que transforma, nace en la incomodidad.

Este fin de año no es la excepción. Mientras reflexiono sobre mis propios ajustes internos, quiero compartir contigo esta idea: la incomodidad no es un castigo ni un error. Es un motor, un indicador de que estamos en movimiento, de que estamos vivos. Pensar en este año que termina, ¿cuántas veces te sentiste incómodo(a)? ¿Cuántas veces enfrentaste retos que parecían insuperables? Puedo asegurarte que esa incomodidad que intentaste evitar es la misma que amplió tus horizontes, rompió estructuras viejas y te abrió nuevas puertas.

Lo que sí tenemos

¿Qué tal si, en lugar de rechazarla, la abrazamos? ¿Qué tal si dejamos de verla como una enemiga y la aceptamos como una aliada? Cada experiencia nueva, cada hábito roto, cada paso fuera de la monotonía es una oportunidad para acercarte a la persona que quieres ser. Yo decidí abrazarla desde hace mucho y hoy, hoy sé que ha sido una de mis mejores decisiones.

Innovarnos a partir de la incomodidad nos brinda un espacio inigualable para desafiarnos constantemente. Esto significa no dar por sentado ni siquiera los propios pensamientos. Los seres humanos nos constituimos entre otras cosas entre creencias y juicios. Formas aprendidas y repetidas de ver el mundo y de percibirnos a nosotros mismos. Esas creencias pueden ser constructivas, funcionales, otras, todo lo contrario. Innovarnos utilizando la incomodidad como herramienta significa adoptar nuevos caminos, si el de siempre ya no sirve. Indagar y hacernos preguntas sobre esas historias que nos contamos, nos contaron y nos creíamos, es clave para transitar este camino de innovación personal.

La incomodidad por lo general nos indica un área en la que necesitamos crecer o cambiar. Al hacerla nuestra aliada en lugar de enfrentarla como enemiga, podremos de forma más fácil identificar creencias limitantes, emociones no abordadas o conflictos sin resolver que nos están frenando. Si lo piensas, este proceso puede ser transformador y conducirte a una mayor autoconciencia y resiliencia.

Así que, mientras damos la bienvenida a un nuevo año, te invito a reinterpretar la incomodidad. Permítete sentirla. Permítete incomodarte. Porque lo incómodo no es sinónimo de fracaso, sino de transformación. En estos terrenos difíciles nacen las mejores versiones de nosotros mismos.

Esta es solo una de tres reflexiones personales que compartiré contigo antes de terminar este 2024. Mi deseo es que te inspiren a ajustar lo necesario y a avanzar con decisión. Porque no hay mayor satisfacción para mí que celebrar tu triunfo.

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